Hace bien poco sugería un comentarista de este blog que se podría tratar el tema del en la .

Tengo que reconocer que, como excepción a la regla que siempre sigo según la cual lo que más atrae es la y el de la , el tema del no lo tengo muy claro. Y quiero, como siempre, ser honesto y no apoyar aquella posición porque parezca la oficial o quede más intelectual.

Esto es, seguro, debido a mi ignorancia. Quiero decir que no sé ni entiendo la lengua de la . Vamos, nada fuera de lo que cual mortal puede conocer por sus estudios o por lo común de las expresiones.

Sin embargo, espero saber dar la oportunidad de que quien sí conozca la importancia de tal lengua en el devenir de la exprese lo que piensa porque es, además, lo que más tiene interés para el que esto escribe y, a lo mejor, para más personas.

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FUE APARTADO POR EN 1995

El francés apartado por el en 1995, , siempre se caracterizó por apoyar causas radicales. Sus últimas palabras giran en torno al mundo . “Sufro con esos militantes generosos que dan su vida y son torturados”, dice. No sufrió así cuando encubrió a un .

, también conocido como el rojo, era el hasta que fue apartado por el en 1995 por sus críticas contra el y la propia así como por su cercanía a los entornos más ultraizquierdistas y radicales.

Este se ha mostrado favorable al en varios casos muy mediáticos en Francia, así como al uso del y la ordenación de hombres casados como . Igualmente, apoyaba decididamente la creación de una escuela laica. Incluso durante años dio cobijó a un , al que nombró incluso .

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es un con respecto a la del . Esto está clarísimo: acudamos a sus escritos, especialmente a los de su última producción ensayística, los correspondientes a los últimos lustros.

Pero “el problema” es otro, entiendo, atentos lectores de Atrio, portal donde se concita -se pretende que se concite- lo sagrado y lo profano. El problema para mí no es tanto juzgar, condenar o deslegitimar a -con mucha más solvencia teológica que la que yo pueda exhibir, hay toda una cohorte de encargados de tales sumarísimas e inmisericordes condenas, para mí que a menudo rayanas en lo patológico fundamentalista y fanático-, siquiera en la medida de mis recursos y posibilidades, cuanto permanecer siempre “al loro” para tratar de comprobar por mí mismo cuáles de las críticas de a la institucional y sobre todo , e incluso a la del , me parecen válidas, legítimas.

Reconozco que es la mía una propuesta tan “peligrosa” como necesaria, una empresa de tamaña envergadura, de tales altos vuelos, que puede muy probablemente sobrepasar mis capacidades. A decir verdad, como atinadamente sostiene en su libro (, 2007), el deseo de fidelidad al no excluye el núcleo de un cierto conflicto interior, de un cierto desgarramiento, puesto que la fidelidad y el amor debidos y profesados a la te han de llevar al Evangelio, ciertamente, con la particularidad de que el deseo mismo de fidelidad al Evangelio también te lleva a comprobar, a veces muy dramáticamente, cuánto traiciona y ha traicionado la al Evangelio.

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