Lunes, Abril 16th, 2012 at
14:05
Joaquín Piña Batllevell - Este año se cumplen los 50 del inicio del Concilio Vaticano II, que sin duda fue el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX.
Como dijo el Papa Juan XXIII, había que abrir las ventanas de la Iglesia para que entrara un poco de aire fresco. Y efectivamente fue así. Todo lo que nos enseñó el Concilio: La nueva definición de Iglesia como Pueblo de Dios, -ya no se habla más de “Sociedad Perfecta”, porque la Iglesia se reconoce a sí misma como santa y pecadora… La necesidad de dialogar con el mundo de hoy. La Iglesia es “Sacramento de salvación”, de puertas abiertas, que como Jesús invita a todos, pero no se impone por la fuerza. La importancia de los decretos, que fueron tan discutidos, sobre la libertad religiosa. La libertad de la Iglesia, que no se tiene que casar con nadie… (Los que gobiernan, los ricos). Las reformas litúrgicas, que es tal vez lo que más sintió, o celebró! La gente. Ya vamos quedando pocos que nos acordemos de lo que eran las Misas en latín y de cara a la pared.
La mayor importancia que se dio a la Palabra de Dios, tanto en la liturgia como en la Catequesis. Los avances en el diálogo interreligioso, inclusive con los judíos, pero sobre todo el ecumenismo. Ya no se habla más de herejes, sino de hermanos separados, que algún día, y de alguna forma tenemos que unirnos porque todos creemos, y le queremos a Jesús. En fin… ¡Tantas cosas lindas que sería largo enumerar!
Por esto se habló, y con razón, de una “primavera eclesial”, que vivimos algunos con mucho entusiasmo en los primeros años del postconcilio. También es verdad que muchos ni se enteraron, -y lo peor es que hasta ahora no quieren enterarse-, de que hubo un Concilio. Son estos tradicionalistas cerrados, que se resisten a todo cambio, porque siempre lo de antes era mejor.
Vamos a reconocer también que hubo algunos abusos, -como en todo lo humano-. Algunos que se pasaron de la raya. Libertad religiosa no quiere decir que todo da igual, y que cada uno puede hacer lo que le da la gana. No ha sido fácil, ni mucho menos, la aplicación de todo lo que nos dejó el Concilio. Alguien ha dicho que el Vaticano II era un Concilio todavía por estrenar. Nos llevará algún tiempo más. Consuélense, que dicen que la total aplicación del Concilio de Trento llevó como 100 años!
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