Domingo, Septiembre 5th, 2010 at
9:00
Ciudad de México
Iglesia y jerarquía son conceptos distintos dentro del tema religioso, pero que con frecuencia se usan imprecisamente haciéndolos pasar como sinónimos, tal vez por descuido o tal vez no tanto en un discurso que provoca confusión y suele distorsionar la percepción de la realidad.
Desde una perspectiva analítica, la jerarquía entonces es sólo un elemento más dentro del conjunto de partes integrantes de la Iglesia, que se puede distinguir de los fieles, de los principios y dogmas de fe, de los templos, de los santos, etc.
Así, cuando el cardenal Sandoval acusa de “maiceo” a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y al jefe de Gobierno del Distrito Federal, no es la Iglesia católica la que está haciendo esas graves acusaciones que tiene el deber de probar, sino precisamente ese jerarca religioso en lo individual.
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Martes, Agosto 31st, 2010 at
9:23
DESIGNACIÓN DIRECTA Y DESIGNACIÓN INDIRECTA
Como es bien sabido, no siempre el Obispo de Roma fue elegido a través de una votación, tanto menos por un cónclave como el que conocemos hoy en día. De hecho, las primeras noticias ciertas que tenemos de una elección papal, llevada a cabo por la comunidad de la Iglesia de Roma fue la de Alejandro I (105-115). La llevaron a cabo los obispos presentes por aquellos días en la Urbe a partir de los sufragios de los fieles y actuando de testigos y valedores los presbíteros y diáconos. Dicho consorcio del clero y el pueblo romanos para elegir a su obispo funcionó bien durante trescientos años, para cambiar posteriormente, como se verá en otro artículo. En éste queremos hablar de otro modo de elección del Papa que, si bien, abandonada hace siglos, tuvo su importancia histórica: La libre designación del predecesor.
E1 segundo papa de la historia fue el toscano san Lino (en la foto), nacido en Volterra, que ocupó la cátedra romana desde el año 67, en que fue martirizado san Pedro, del cual era discípulo. Durante las ausencias de su maestro, sustituía a éste a la cabeza de la comunidad cristiana de Roma, desempeñándose con tal eficiencia que pareció natural que sucediera al apóstol. Se dice, incluso, que Pedro designó expresamente a Lino para ocupar su puesto a su muerte, y ésta parece haber sido la primera forma que los hombres hallaron para coadyuvar a la acción del Espíritu Santo en el delicado negocio de hacer un Papa.
Por resultar de la última voluntad del predecesor en el oficio de Vicario de Cristo, esta forma de designación puede ser llamada «testamentaria», y no es extraña en el contexto de las relaciones de maestro a discípulo, en las que este último recoge la «herencia» de aquél -como Eliseo recogió la de su maestro Elías simbolizada en su manto-. En el primer siglo del cristianismo, fue el modo regular por el que se sucedieron los obispos de Roma. Así, san Lino (67-76) habría a su vez designado a su condiscípulo san Anacleto (76-88); éste a san Clemente I (88-97), preconizado obispo por san Pedro, y Clemente a san Evaristo (97-115).
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Jueves, Agosto 12th, 2010 at
14:12
Leonardo Boff es un heterodoxo con respecto a la ortodoxia del Magisterio. Esto está clarísimo: acudamos a sus escritos, especialmente a los de su última producción ensayística, los correspondientes a los últimos lustros.
Pero “el problema” es otro, entiendo, atentos lectores de Atrio, portal donde se concita -se pretende que se concite- lo sagrado y lo profano. El problema para mí no es tanto juzgar, condenar o deslegitimar a Leonardo Boff -con mucha más solvencia teológica que la que yo pueda exhibir, hay toda una cohorte de teólogos neoinquisidores encargados de tales sumarísimas e inmisericordes condenas, para mí que a menudo rayanas en lo patológico fundamentalista y fanático-, siquiera en la medida de mis recursos y posibilidades, cuanto permanecer siempre “al loro” para tratar de comprobar por mí mismo cuáles de las críticas de Leonardo Boff a la Iglesia institucional y sobre todo jerárquica, e incluso a la doctrina del Magisterio, me parecen válidas, legítimas.
Reconozco que es la mía una propuesta tan “peligrosa” como necesaria, una empresa de tamaña envergadura, de tales altos vuelos, que puede muy probablemente sobrepasar mis capacidades. A decir verdad, como atinadamente sostiene José María Castillo en su libro Espiritualidad para insatisfechos (Trotta, 2007), el deseo de fidelidad al Magisterio no excluye el núcleo de un cierto conflicto interior, de un cierto desgarramiento, puesto que la fidelidad y el amor debidos y profesados a la Iglesia te han de llevar al Evangelio, ciertamente, con la particularidad de que el deseo mismo de fidelidad al Evangelio también te lleva a comprobar, a veces muy dramáticamente, cuánto traiciona y ha traicionado la Iglesia al Evangelio.
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