Ciudad de México

y son conceptos distintos dentro del tema religioso, pero que con frecuencia se usan imprecisamente haciéndolos pasar como sinónimos, tal vez por descuido o tal vez no tanto en un discurso que provoca confusión y suele distorsionar la percepción de la realidad.

Desde una perspectiva analítica, la entonces es sólo un elemento más dentro del conjunto de partes integrantes de la , que se puede distinguir de los , de los principios y dogmas de , de los templos, de los santos, etc.

Así, cuando el acusa de “maiceo” a los ministros de la y al jefe de , no es la la que está haciendo esas graves acusaciones que tiene el deber de probar, sino precisamente ese jerarca religioso en lo individual.

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DESIGNACIÓN DIRECTA Y DESIGNACIÓN INDIRECTA

Como es bien sabido, no siempre el de fue elegido a través de una votación, tanto menos por un como el que conocemos hoy en día. De hecho, las primeras noticias ciertas que tenemos de una , llevada a cabo por la comunidad de la de fue la de (105-115). La llevaron a cabo los presentes por aquellos días en la Urbe a partir de los sufragios de los y actuando de testigos y valedores los y . Dicho consorcio del clero y el pueblo romanos para elegir a su funcionó bien durante trescientos años, para cambiar posteriormente, como se verá en otro artículo. En éste queremos hablar de otro modo de elección del que, si bien, abandonada hace siglos, tuvo su importancia histórica: La libre designación del predecesor.

E1 segundo de la historia fue el (en la foto), nacido en Volterra, que ocupó la cátedra romana desde el año 67, en que fue martirizado , del cual era . Durante las ausencias de su maestro, sustituía a éste a la cabeza de la de , desempeñándose con tal eficiencia que pareció natural que sucediera al apóstol. Se dice, incluso, que Pedro designó expresamente a Lino para ocupar su puesto a su muerte, y ésta parece haber sido la primera forma que los hombres hallaron para coadyuvar a la acción del en el delicado negocio de hacer un .

Por resultar de la última voluntad del predecesor en el oficio de Vicario de , esta forma de designación puede ser llamada «testamentaria», y no es extraña en el contexto de las relaciones de maestro a , en las que este último recoge la «herencia» de aquél -como Eliseo recogió la de su maestro Elías simbolizada en su manto-. En el primer siglo del , fue el modo regular por el que se sucedieron los de . Así, san Lino (67-76) habría a su vez designado a su condiscípulo (76-88); éste a (88-97), preconizado por , y Clemente a (97-115).

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es un con respecto a la del . Esto está clarísimo: acudamos a sus escritos, especialmente a los de su última producción ensayística, los correspondientes a los últimos lustros.

Pero “el problema” es otro, entiendo, atentos lectores de Atrio, portal donde se concita -se pretende que se concite- lo sagrado y lo profano. El problema para mí no es tanto juzgar, condenar o deslegitimar a -con mucha más solvencia teológica que la que yo pueda exhibir, hay toda una cohorte de encargados de tales sumarísimas e inmisericordes condenas, para mí que a menudo rayanas en lo patológico fundamentalista y fanático-, siquiera en la medida de mis recursos y posibilidades, cuanto permanecer siempre “al loro” para tratar de comprobar por mí mismo cuáles de las críticas de a la institucional y sobre todo , e incluso a la del , me parecen válidas, legítimas.

Reconozco que es la mía una propuesta tan “peligrosa” como necesaria, una empresa de tamaña envergadura, de tales altos vuelos, que puede muy probablemente sobrepasar mis capacidades. A decir verdad, como atinadamente sostiene en su libro (, 2007), el deseo de fidelidad al no excluye el núcleo de un cierto conflicto interior, de un cierto desgarramiento, puesto que la fidelidad y el amor debidos y profesados a la te han de llevar al Evangelio, ciertamente, con la particularidad de que el deseo mismo de fidelidad al Evangelio también te lleva a comprobar, a veces muy dramáticamente, cuánto traiciona y ha traicionado la al Evangelio.

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