Doctor Cátedra de . Universidad Carlos III de Madrid

La y las conservadoras se han conjurado contra el , recurriendo a todos los medios a su alcance, incluidas las movilizaciones de la ciudadanía en alianza con el PP y la ocupación del espacio público para desestabilizar la democracia. A su vez, boicotean cualquier iniciativa que vaya hacia el Estado laico.

El no debe de adoptar una actitud beligerante

La estrategia antilaicista episcopal comienza con un peligroso juego que consiste en establecer una distinción entre y laicidad. Se trata de una operación lingüística nada inocente que califica negativamente al como de sustitución y lo presenta como enemigo de las creencias religiosas.

Dos ejemplos. El cardenal Tarsicio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, define erróneamente el como “hostilidad contra cualquier forma de relevancia pública y cultural de la , en particular contra todo símbolo religioso en las instituciones públicas”. El cardenal Rouco Varela, presidente de la , va más allá y afirma que “el Estado moderno en su versión laicista radical desembocó en el siglo XX en las formas totalitarias del comunismo”.

Los mismos sectores eclesiásticos elogian la laicidad y se refieren a ella con adjetivos como “sana”, “positiva”, “inclusiva”. En dicha valoración coinciden políticos conservadores como el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y el . Estamos ante una trampa del lenguaje político-religioso para que la recupere el protagonismo en la esfera política, en el terreno moral, en el plano cultural, en el ámbito educativo y en la cohesión social, y para la presencia o la permanencia de los símbolos católicos en el espacio público.

fue un , crítico de la jerarquía religiosa

¿Es verdad que el resulta incompatible con el y tiene que adoptar una actitud beligerante frente a él? Decididamente no. El y la no son males a combatir por los , sino que se encuentran en la entraña misma del . Este surge como laica y se desarrolla como tal durante sus primeros siglos, donde no aparece el más mínimo atisbo de confesionalidad de las instituciones civiles y menos aún de legitimación del orden establecido.

, su fundador, fue un , crítico con el Estado teocrático y las legitimadoras del . Lo que pone en marcha no es una aliada con el poder, sino un movimiento igualitario de hombres y mujeres, cuya traducción histórica es una sociedad justa. Hasta el siglo IV, el defendió la más radical separación entre la y el Imperio. Los se negaron a adorar al emperador y no reclamaban privilegios del Estado. Su vida no se distinguía del resto de los ciudadanos, como reconoce la , importante documento del siglo III.

Esta idea es ratificada 17 siglos después por el (1962-1965), que se muestra partidario de la , entendida como autonomía de las realidades terrenas, y de la separación entre y Estado. Como afirma el alemán , la “es un acontecimiento originalmente ” y una exigencia fundamental del . Sin este, quizá no hubiera sido posible la democracia, cree el filósofo de la , quien define certeramente al como “la de la salida de la ”.

Leído en: publico.es

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