DESIGNACIÓN DIRECTA Y DESIGNACIÓN INDIRECTA

Como es bien sabido, no siempre el de fue elegido a través de una votación, tanto menos por un cónclave como el que conocemos hoy en día. De hecho, las primeras noticias ciertas que tenemos de una , llevada a cabo por la comunidad de la de fue la de (105-115). La llevaron a cabo los obispos presentes por aquellos días en la Urbe a partir de los sufragios de los y actuando de testigos y valedores los y . Dicho consorcio del clero y el pueblo romanos para elegir a su funcionó bien durante trescientos años, para cambiar posteriormente, como se verá en otro artículo. En éste queremos hablar de otro modo de elección del que, si bien, abandonada hace siglos, tuvo su importancia histórica: La libre designación del predecesor.

E1 segundo de la historia fue el (en la foto), nacido en Volterra, que ocupó la cátedra romana desde el año 67, en que fue martirizado , del cual era . Durante las ausencias de su maestro, sustituía a éste a la cabeza de la de , desempeñándose con tal eficiencia que pareció natural que sucediera al apóstol. Se dice, incluso, que Pedro designó expresamente a Lino para ocupar su puesto a su muerte, y ésta parece haber sido la primera forma que los hombres hallaron para coadyuvar a la acción del en el delicado negocio de hacer un .

Por resultar de la última voluntad del predecesor en el oficio de , esta forma de designación puede ser llamada «testamentaria», y no es extraña en el contexto de las relaciones de maestro a , en las que este último recoge la «herencia» de aquél -como Eliseo recogió la de su maestro Elías simbolizada en su manto-. En el primer siglo del , fue el modo regular por el que se sucedieron los obispos de . Así, san Lino (67-76) habría a su vez designado a su condiscípulo (76-88); éste a (88-97), preconizado por , y Clemente a (97-115).

Las siguientes designaciones testamentarias de Papas son más esporádicas y dependen de que en cada elección no se respeten las últimas voluntades del difunto. Lo de las últimas volountades hoy nos sorprende no poco, pero estuvo vigente mucho tiempo. Así, el griego (417-418) fue elegido muy probablemente por indicación de su antecesor Inocencio I, a quien se lo había recomendado . El (en el mosaico, de ), preocupado por alejar la amenaza del cisma que se había manifestado con ocasión de su propia elección, dio un sostén jurídico a la sucesión testamentaria, a la que consideraba la menos arriesgada y menos susceptible de ser manipulada por los obispos. El 1 de marzo de 499, reunió un sínodo en , en el cual participaron 72 obispos italianos y se aprobó el llamado «», el primero que regulaba el nombramiento de los . En lo sucesivo cada establecería quién habría de sucederle. En caso de fallecer de improviso y sin haber podido indicar su voluntad al respecto, se procedería a la elección del nuevo por parte del clero romano con exclusión de los laicos. Estas normas apenas se cumplieron. De hecho, a la muerte de Símaco, fue elegido unánimemente (514-523) sin haber sido designado por aquél.

En 529, sintiéndose enfermo y próximo a la muerte, , invocando el , reunió al clero romano y al Senado, en cuya presencia impuso su propio palio al . Mediante este acto, manifestaba Félix claramente su decisión de que fuera su sucesor. Además, para que no cupiera duda de su voluntad, hizo fijar en todas las iglesias titulares de un edicto amenazando con la excomunión a todo aquel que hubiera turbado la paz de la discutiendo su determinación. Por su parte, el Senado apoyó el acto pontificio, dictando la pena de confiscación de bienes y destierro contra quien se atreviera a promover discusiones electorales en vida del .

Cuando al año siguiente murió , un grupo de sacerdotes suyos eligieron a II (530-532), mientras otro grupo más numeroso de clérigos y laicos se reunía en la basílica Julia para elevar al trono de Pedro a Dióscuro, quien fue excomulgado por . Un nuevo cisma venía a afligir la , pero afortunadamente duró sólo veintidós días, ya que Dióscuro murió al cabo de ese tiempo. Es natural, pues, que la preocupación de II fuera la de asegurar por todos los medios su propia sucesión. A1 efecto, convocó en 531 un nuevo sínodo en , en el curso del cual publicó uin decreto por el que nombraba al diácono Vigilio, a quien n izo reconocer por todos los presentes bajo juramento. Esto último constituía sin embargo un abuso de poder, que fue denunciado por el Senado a la corte de Rávena, donde residía el representante del emperador bizantino. Interpelado en un segundo sínodo reunido para investigar su actuación, II reconoció ante la asamblea su error e hizo quemar el decreto de nombramiento de Vigilio, quien esperaría aún tres pontificados -si bien éstos fueron breves- para convertirse en , y ello no sin discutibles maquinaciones.

(535=536) se opuso a la designación de un nuevo en vida del anterior, e hizo convocar un sínodo en el que anuló la excomunión de Dióscuro como signo manifiesto de su disconformidad con el . Más tarde, el Vigilio (537-555) aceptó por debilidad la emanada por Justiniano en 554. En virtud de este instrumento legal, el emperador asociaba al al gobierno político de la Italia bizantina y aumentaba el poder de los obispos frente al de los funcionarios civiles del Imperio. Lógica consecuencia de estas concesiones era que tanto el nombramiento del Romano como el de los obispos debían someterse al plácet imperial, con lo cual el quedó prácticamente abolido.

Un intento fallido de designación testamentaria en plena Edad Media, cuando ya se hallaba arraigado el uso de la elección exclusivamente reservada a los cardenales, ocurrió en la Navidad de 1197. El nonagenario anunció al reunido para la ocasión su intención de abdicar, pero con la condición de que se elegiría como sucesor al cardenal Juan de Santa Prisca, su más próximo colaborador y hombre de confianza. Los príncipes de la rechazaron la idea y pocas semanas más tarde el murió. Ascendió al solio -como - el de los , precisamente quien menos se hubiera esperado el difunto, que lo había mantenido relegado de la debido a una antigua rivalidad entre las familias de ambos (Orsini y Conti).

De modo más bien anecdótico diremos que en nuestra época las sutiles maniobras de otro en orden a hacer elegir a su propio candidato parece que tuvieron éxito, aunque ello se produjo en el estricto marco legal del cónclave. Hablamos del caso de Pío XII. Ya se había fijado en el aristocrático curial , a quien consagró el 13 de mayo de 1917 -el mismo día de la primera aparición de Fátima- y destinó al servicio diplomático de la . Nuncio en Munich y después en Berlín, el arzobispo Pacelli gozaba de la confianza del cardenal secretario de Estado Gasparri, quien atrajo sobre él la atención de . Llamado a , fue creado cardenal en diciembre de 1929 y nombrado en el lugar de Gasparri, que había solicitado su retiro después de llevar felizmente a término la labor de su vida: la conciliación de la papal y el joven Estado italiano.

El Ratti supo apreciar las extraordinarias dotes de su nuevo secretario de Estado y lo preparó concienzudamente para más altos destinos. Así pues, lo envió como su legado a látere a Argentina (1934), Francia (1935 y 1937) y Hungría (1938), y le hizo realizar un extenso viaje de carácter privado por Estados Unidos 11936) para darle una valiosa experiencia que le pudiera servir más tarde. Se sabe, por otra parte, que intervino activamente en la redacción de los más importantes documentos de la segunda mitad del pontificado, especialmente en la de la ” contra el . Cuando alguien felicitó al por ésta, , señalando a su Secretario de Estado, respondió: «Es suyo el mérito.» no ocultó que esperaba que fuese su sucesor: «Sará un bel !», solía decir con absoluto convencimiento. Si los cardenales que entraron en cónclave en 1939 tuvieron en cuenta o no este deseo, lo cierto es que el Cardenal Pacelli fue elegido prácticamente con la unanimidad de los votos.

Leído en: historiadelaiglesia.org

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