El Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana es el Cardenal que tiene la principal tarea de para presidir vacante tras la muerte del pontífice y de la final del cónclave. El término deriva del latín medieval camarlingus, a su vez deriva de Kamerling, en franco, que significa “secretario de la sala de rey. La figura del Camarlengo se constituyó en el siglo XII: se le dijo camerarius, y fue responsable de las finanzas de la Curia y de los momentos en que la Santa Sede se encontraba sin Papa. El Camarlengo ha sido siempre un gran sacerdote y, desde el siglo XV, esta tarea siempre ha sido asumida por un cardenal.
El Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana tiene fundamentalmente dos tareas: en primer lugar, cuando el Papa está de viaje, o ausente por un motivo médico, administrar los bienes temporales. En segundo lugar, asumir temporalmente el papel de Papa cuando éste muere, hasta que se elige uno nuevo.
En caso de muerte del Papa, su primera tarea es verificar que el Papa está realmente muerto, llamándolo tres veces por su nombre. En caso de no recibir una respuesta se declara la muerte con la fórmula de “Vere Papa mortuus est”. El protocolo también prevé que el Camarlengo toque la frente del Papa con un martillo de plata con el escudo de armas papal, si bien el acto ha sido sustituido por el de correr un velo sobre la cara del difunto. Más tarde, el Camarlengo retira el anillo del pescador del dedo anular de la mano derecha del pontífice fallecido y ordena que se destruya, junto con el sello papal. Por último, sella las habitaciones, y da aviso de la muerte del Papa al Cardenal Vicario de Roma, para que éste, a su vez, lo anuncie oficialmente al pueblo.
Comienza entonces el período de sede vacante, y el Camarlengo se encarga de preparar el funeral y los nueve días consecutivos de luto del Estado. Posteriormente, se pondrán en marcha los trabajos del cónclave para elegir al nuevo Papa. Durante estos días, al símbolo habitual del Camarlengo en tanto que Cardenal (treinta cintas de color rojo) se le añaden coronada por los colores papales.
Asimismo, durante la vacante, se le confía la gestión de los asuntos cotidianos de la Iglesia con la asistencia de tres cardenales, elegidos por sorteo cada tres días, uno por cada orden (obispo, sacerdote y diácono). El Camarlengo también tiene la tarea, durante la ceremonia de investidura del nuevo Papa, de poner el nuevo anillo en el dedo del Santo Padre.